jueves, 3 de junio de 2010



hace unos días aprendí a volar papalotes (o cometas para los que no hablen mexicano). no se por qué no lo había hecho nunca antes. que es parte de la infancia, me dijeron, pero ahora que veo mi vida de aquí para atrás me doy cuenta que mi infancia tiene muchos huecos. me faltan un montón de cosas por aprender. en fin, el hecho de levantar un papalote en vuelo me pareció una actividad sumamente interesante y difícil. casi como la vida misma.

tiene usted un papalote-propósito sujeto a un hilo conductor, alguien le dice cómo es que hay que ponerlo a favor del viento para que pueda subir. hay que manejar el hilo-conductor según las circunstancias. total prueba y error. jalar un poco, luego soltar, jalar, jalar, el papalote-propósito no acepta tanta tensión... se cae. ahora debe usted recoger todo el hilo-conductor para llegar hasta el papalote-propósito y volverlo a intentar, a ver si esta vez el viento es más favorable. todo parece ir de maravilla, el viento es perfecto y la altitud que se ha tomado es envidiable. el hilo-conductor da vueltas como loco llevando al papalote-propósito cada vez más y más lejos. hasta que es apenas una figura pequeñita en el cielo. de pronto, el hilo-conductor se suelta del carrete.  la pequeña figura en el cielo cae abruptamente en algún sitio lejano, entre los árboles.

habrá que ir a buscarlo, porque el papalote-propósito no era mío. habrá que pasar el resto de la tarde desenredando el hilo-conductor. como lo dije antes, es casi como la vida.